Albelda y los números arábigos: el desconocido eslabón nabarro de la cultura europea (I)

“Todo lo que hay en el universo es armonía y número”

(Aristóteles, refiriendose a los pitagóricos – “Metafísica”, Lib. I-Cap. V)

INTRODUCCIÓN

Todas aquellas y aquellos que leáis estas líneas conocéis y utilizáis, sin lugar a dudas, los números arábigos…. sí, sí, me refiero al 0,1, 2, 3…. y así hasta el 9. Lo más normal del mundo, ¿verdad?

No en vano, los estudiamos desde nuestros primeros pasos en ese aburrido pero imprescindible peregrinaje vital que es el sistema educativo. Incluso, fuera del mismo, los que seáis de mi generación recordaréis a un siniestro personaje televisivo de felpa que, enfundado en un elegante frac y con su impasible monóculo, nos arengaba, entre tétricas carcajadas, sobre tan maravilloso invento, mientras devorábamos la merienda….

El inefable Conde Draco, más conocido en inglés como "Count von Count", es decir, "El Conde que cuenta", e inmortalizado por el programa Ábrete Sésamo (Iturria: http://blogs.lainformacion.com).

El inefable Conde Draco, más conocido en inglés como “Count von Count”, es decir, “El Conde que cuenta”, e inmortalizado por el programa Ábrete Sésamo (Iturria: http://blogs.lainformacion.com).

Imaginaos el mundo sin ellos: ¿cómo marcaríamos en los móviles? ¿Cómo contabilizaríamos nuestro dinero? ¿Cómo se elaborarían los más complejos cálculos matemáticos que subyacen detrás de todos los avances científicos? ¿Habría sido posible la informática, basada en algo tan simple como una sucesión de ceros y unos? ¡¡Algunos y algunas os ganaréis la vida (u os la habréis ganado) gracias a ellos!!

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Reyes en la Llanada (y II)

Aquel ejército, al mando de Eduardo de Woodstock, estaba formado fundamentalmente por ingleses, gascones, castellanos y navarros. Entraron en la Llanada hacia el 15 de marzo, por la calzada romana, que estuvo en uso hasta hace escasamente un par de siglos, cuando en 1820 se trazó la carretera de Navarra, que luego fue la N-I.

Ignoramos donde se alojarían tan egregios personajes. Hay que tener en cuenta que la Salvatierra que ha llegado a nuestros días, no tiene mucho que ver con la del siglo XIV, debido al gran incendio que destruyó la villa el año 1564, pero sin duda habría algún palacio digno de darles cobijo.

La vanguardia del ejército se dirigió a la cuenca de Vitoria, encontrándose en Ariñez con una tropa de seiscientos lanceros, al mando de Tello, hermano de Enrique de Trastámara. Los castellanos hicieron gran mortandad entre los arqueros ingleses, al mando del capitán Thomas Felton, en el lugar que se conoce como Inglesmendi, que quiere decir Cementerio de los Ingleses. Los franceses, aliados del de Trastámara, se disgustaron bastante por ello, ya que su costumbre no era matar a los enemigos, sino apresarlos para pedir rescate por ellos.

Imagen de Inglesmendi (Iturria: eu.wikiloc.com)

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Reyes en la Llanada (I)

Que la realeza tiene un particular atractivo es algo que está fuera de toda duda. Que se lo digan a los mocetes y mocetas que al anochecer del día cinco se agolpaban en las aceras, para contemplar el paso de sus majestades los Reyes Magos de Oriente.

Nuestra tierra, la Llanada, encrucijada de caminos, ha visto pasar por ella gentes de las más diversas alcurnias, desde mercaderes a guerreros, desde peregrinos a simples vagabundos y, por supuesto, a gentes de encumbrada alcurnia. Nos podemos imaginar el asombro de los aguraindarras, entonces llamados salvaterranos, y de los habitantes de los pueblos de los alrededores, cuando a finales del invierno de 1367 vieron llegar a estas tierras a un formidable ejército de más de diez mil guerreros, a cuya cabeza marchaba un soberbio personaje revestido de una armadura completamente negra.

Cernoch.jpg

El Príncipe Negro (Iturria: Wikipedia)

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De aquellas nevadas, estas riadas

Hace unas semanas, la nieve hizo acto de presencia en la capital de la Nabarra Occidental. No recordábamos una nevada semejante en los últimos años, por más que Gasteiz sea una ciudad climatológicamente gélida. Ahora bien, dado que no puede compararse con Finlandia, la sustancia blanca es más bien infrecuente por estos lares. Y es en esas ocasiones, en lo excepcional y no habitual, cuando una sociedad queda en evidencia. Más aún cuando contemplamos, días después, las catastróficas crecidas de nuestros días, fruto del deshielo y de las copiosas lluvias recientemente sufridas. Lo llamamos auzolan y, entre ustedes y yo, podríamos resumirlo como aquella manera de hacer las cosas que nos lleva a proclamar “Uno para y todos y todos para uno”. ¿Por qué si no la semana pasada el Consistorio de Gasteiz hizo continuos llamamientos a que vecinos y comerciantes despejaran de nieve la parte de acera que les correspondía? ¿Por qué si no algunos nos desgañitamos aún al reclamar que, como navarros, asumamos las responsabilidades comunitarias que nos competen?

Imagen de la riada en Villodas (Iturria: irunadeoca.eu)

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Crónica de la Guerra Carlista en la Llanada (y II)

Aniversario

Un año después de la victoria sobre los liberales en la Llanada, el gobierno de Madrid no dominaba el país. Sus tropas se acantonaban en las cuatro capitales, que se encontraban bloqueadas por las fuerzas de voluntarios carlistas. Zumalakarregi había fallecido el 24 de junio de 1835 a causa de una septicemia generalizada provocada por una herida que sufrió en el sitio de Bilbao.

En octubre, en el aniversario de su estrepitosa derrota de Alegría, el gobierno liberal se propuso avanzar, tomando como eje el Camino Real, desde Vitoria hasta San Sebastián, partiendo en dos el territorio controlado por los carlistas y rompiendo el bloqueo de estas dos capitales. Previamente, se había ordenado el traslado de la Legión Inglesa, un grupo de mercenarios a las órdenes del general Lacy Evans, de Bilbao a Vitoria. Era entonces comandante en jefe de las fuerzas carlistas el general Nazario Egia, natural de Durango.

Nazario de Egia (Iturria: Wikipedia)

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Crónica de la Guerra Carlista en la Llanada (I)

Los días 27 y 28 de octubre de 1834 se desarrolló en la Llanada, entre las localidades de Etxabarri-Urtupiña y Oreitia, en un paraje llamado Quilchano, la llamada Batalla de Alegría, así denominada porque en su contexto se produjo la toma de esa población por las tropas carlistas. Este hecho bélico ha sido suficientemente descrito e incluso contó, hasta hace unos años, con una representación teatralizada, cuyos actores eran los propios vecinos y vecinas de Alegría-Dulantzi.

Eran otros tiempos. Un momento de la teatralización de la Batalla de Alegría (Iturria: http://bimila.blogspot.com.es)

Sin embargo, éste no fue el único acontecimiento bélico de cierta envergadura que tuvo como escenario, en aquella guerra, la Llanada, lo cual no es de extrañar, ya que este conflicto bélico se prolongó durante siete años, de 1833 al 1839.

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Moción sobre Martin Ttipia, 28 de noviembre de 2014

Eñ 28 de noviembre, las formaciones EAJ-PNV, PSE y EH Bildu presentaron en el Ayuntamiento de Gasteiz una moción por la que pedían que una calle o plaza de la ciudad lleve el nombre de Martin Ttipia, tenente de Nova Victoria en 1200. El vídeo que pueden ver a continuación reproduce íntegramente tan importante momento.

 

Castillos que defendieron Araba

Según acertadamente afirma el arqueólogo Iñaki Sagredo, autor de la monumental obra “Castillos que defendieron el Reino”, “Navarra fue humillada, rebajada a lo mínimo, y cuesta explicar qué debió suponer para los navarros ver los muros que construyeron sus antepasados por los suelos, una consecuencia más de la definida como pacífica anexión”. Los castillos de Navarra, así como muchas casas torre y recintos amurallados, fueron derruidos entre 1512 y 1522 por orden del Cardenal Cisneros, regente de Castilla. Así lo explicaba el coronel español Villalba cuando escribió al cardenal Cisneros, promotor de la destrucción de los castillos de Navarra: Navarra está tan baxa de fantasía después que vuestra señoría reverendísima mandó derrocar los muros, que no ay ombre que alçe la cabeza”.

Iñaki Sagredo, dentro de su exhaustivo estudio, ha elaborado un mapa de los castillos de Navarra. Obviamente no se limita al territorio de la actual Comunidad Foral de Navarra, sino que contempla la totalidad del territorio que históricamente ha sido navarro.

El arqueólogo Iñaki Sagredo ha desarrollado una prolífica obra sobre las defensas del Reino de Navarra (Irudia: Pamiela Argitaletxea)

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Joxe Ulibarrena, 2014. Urteko Nafarra Saria jasotzen

Hona hemen Martin Ttipia Kultur Elkartekoek egindako bideoa, Joxe Ulibarrena 2014. Urteko Nafarra Saria-ren harira.

El Ferro de Álava (y II)

El monasterio de San Millán

En el monte Distercio o La Cogolla existía en esa época un monasterio fundado en el siglo V por San Millán, quien había nacido en Berceo, actual Rioja, en 473, cuando aquellas comarcas estaban sometidas al dominio del rey visigodo Eurico. Su nombre proviene del latín Aemilianus, en castellano Emiliano. A los 20 años, siendo pastor, decidió dedicar su vida a la contemplación de Dios. Se dirigió a Bilibio, en las cercanías de la actual Haro, para hacerse discípulo de un santo ermitaño llamado Felices.

San Millán junto a varios discípulos (Irudia: es.wikipedia.org)

Una vez instruido por éste, decidió apartarse del mundo, yéndose a vivir al monte Distercio o la Cogolla, próximo a Berceo, donde habitó cuarenta años. Dídimo, obispo de Tarazona, teniendo conocimiento de su santidad, le nombró párroco de Berceo, en contra de su voluntad. Otros clérigos, seguramente movidos por la envidia, le acusaron de desatender la administración de la parroquia, por lo que fue destituido y regresó al monte, donde vivió como ermitaño en una gruta que él mismo excavó en la roca, hasta su muerte a la avanzada edad de 101 años. Durante ese tiempo su fama de santo se extendió por toda la región, realizando, según la tradición, numerosos milagros. Otros ermitaños se le unieron, formándose una comunidad, que vivía en cuevas artificiales, conocidas tras la muerte del santo como monasterio de San Millán de Suso. Tras su muerte su tumba se convirtió en lugar de peregrinación.

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