Etimología de la voz NAVARRA (y II)

La evolución de este nombre, a partir del originario semítico nahar, sería la siguiente: la h intermedia, que en el original había de ser una aspiración gutural quizás muy fuerte, se convierte directamente en f; y luego la f se convierte en v, quizá a través de una intermedia p. Es decir, la forma originaria nahar pasa al vasco nafar, nafarra (Nafarroa); y la forma vasca nafarra a su vez pasa a la forma romance Navarra, a través quizás de la forma intermedia, muy vasca y muy usual también, de naparra (como pagu pasa a bagu, y pekatu a bekatu y pake a bake y par a barre, etc.). Y por fin al margen se conservaron también otras formas (las más próximas al original semítico): Nahar (de Nahárruri) y Najarro con Nájara o Nájera. El proceso evolutivo que decimos parece completamente lógico, ya que se mueve dentro de postulados lingüísticos al parecer muy normales; desde luego, es normal la alternancia vasca de las f, p, Nafarra, Naparra (vide fagus, pagu, Francisco, Praixko, Fermin, Permin, etc.); como también es normal el paso de la f latina a h romance (vide forma, horma; faba, haba; fagus, haya; fillius, hijo; ferrum, hierro, etc. y fuera del latín hanega, fanega…). Todo parece normal.

Sin embargo, aquí precisamente surge la dificultad para mi argumentación; y es que nuestro caso no es de paso de las formas f a formas h, sino al contrario, de formas h a f (de nahar a nafar).

Fue la observación verbal que se me hizo de parte de un mi consultor, como dificultad para mi teoría. Entre el latín y el romance, las cosas ocurren de esta manera: la f latina pasa a h romance; pero nunca a la inversa. Ahí está la dificultad. Ahora bien, eso sí, las cosas podrían ocurrir de otro modo muy distinto, tratándose, no del latín, sino del árabe o lenguas semíticas; en cuyo caso podría, en efecto, ocurrir que también hubiera cambios de una h en f (es decir, de nahar en nafar).

Es cuestión a estudiar —decía mi consultor—: a ver si se dan casos de palabras árabes de forma h, que pasan al vasco o al castellano en forma f. Así quedaba, pues, el estado de la cuestión: ¿Existen formas árabes en h, que al pasar al vasco o al romance, lo hayan hecho en forma f?

Desde luego, hay cantidad de hh guturales aspiradas árabes, que en el castellano permanecen en forma de h (v. gr. Alhambra, etc.). Pero hay también casos a la inversa, en que las formas h pasan a f.

Nosotros no sabremos explicar ni dar razón de este doble modo de proceder. Quizá la razón está en la gran diversidad de aspiraciones guturales de la lengua árabe; que, así como el griego tiene dos espíritus o aspiraciones (suave y fuerte), y el hebreo por su parte cuatro gradualmente más fuertes, así también el árabe cuenta con varios grados de aspiraciones guturales, a cada una de las cuales es obvio que dé diverso trato en el paso a lengua extraña de las voces afectadas por ellas; o, a la recíproca, las lenguas extrañas observan diverso comportamiento con dichas aspiraciones guturales en la admisión de aquellas voces en el seno de su léxico. El hecho es que la diferencia de trato existe: algunas de las aspiradas guturales permanecen inmutadas en castellano, en forma h; pero otras sufren un cambio, de h gutural en f labial.

Vamos a aducir varios ejemplos, los suficientes para hacer verosímil nuestro caso, de cambio de nahar en nafar.

El árabe al-hori nos da en castellano alforín=horreo.

Al-hauz nos da alfoz=arrabal.

Al-habla nos da alfaba= porción de tierra.

Al-hadia nos da alfadía= cohecho, fraude.

Al-haquin, alfaquín= médico.

Al-hachar, alfarje= piedra de moler aceituna.

Al-jayat, alfayate= sastre.

Al- holi, alfolí= granero, horreo.

Y, por fin, por no alargar innecesariamente esta lista, al-jilel nos da alfiler= clavija de hierro.

Los ejemplos están tomados del Diccionario de la Lengua Española, de José Alemany, segunda edición, Sopena, Barcelona.

Como se ve, son casos de una aspirada gutural árabe (h o j) vertida al español en forma f, que es el caso que tratábamos de demostrar, como caso que tiene aplicación en el paso de nahar árabe al nafar vasco, de donde luego, sin esfuerzo, salen las demás variantes del nombre en cuestión, sea napar(roa), sea navarr(o).

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