El euskara, el georgiano y el berebere (I)

El 3 de diciembre se celebra el día de San Francisco de Xabier, nacido en la Nabarra libre en 1506, patrono de la lingua navarrorum o euskera; “No hallava entre ellos otra respuesta sino que eran christianos, y que por no entender ellos nuestra lengua no sabían nuestra lei, ni lo que habían de creer, y como ellos no me entendiesen ni yo a ellos, por ser su lengua natural malabar y la mía bizcaína (sic)” firma: Francisco de Xabierr (sic), en ese siglo, hablar en “bizkaino” era hablar en euskera.

Castillo de Xabier (Iturria: Wikipedia)

(Wikipedia) Lengua aislada: es aquella lengua natural para la que no se ha probado ningún parentesco con otra lengua viva o muerta, y además no pertenece a ninguna familia de lenguas (es decir, ella es la única miembro de su familia). El ainu, el japonés, el sumerio así como el euskera, son ejemplos de lenguas clasificadas como aisladas.

En 2009 el euskera fue recogido en el libro rojo de la UNESCO sobre idiomas en peligro como una “lengua vulnerable”.

Hay que relativizar la importancia excesiva que se le ha dado en momentos puntuales de la historia al parentesco del euskera con otros idiomas, se mezclan elementos probados con otros que requieren de una mayor concreción. Como escribió Robert Lawrence Trask (1944-2007) en su libro “History of Basque” (1997), al euskera “se le han propuesto conexiones (generalmente genéricas) al menos con el antiguo ibérico, con el antiguo aquitano, con el indoeuropeo (especialmente, celta, latín, griego, eslavo antiguo y sánscrito), con el picto, con las lenguas bereberes del norte de África, con el semítico, con el etrusco, con le minoico, con el sumerio, con el urálico (especialmente el finés), con el burushaski, con el dravídico, con las lenguas munda de la India, con las lenguas yeniseycas y chukchi-kamchatkianas de Siberia, con el chino-tibetano, con el esquimal, con las lenguas na-dené de Norteamérica, y sobre todo con los idiomas caucásicos, del norte y del sur. Y esta lista no tiene nada de exhaustiva”.

El estadounidense Morris Swadesh (1909-1967), doctor en lingüística por la universidad de Yale (EEUU.), creó un mapa mundial de idiomas actuales según la lingüística comparada, atendiendo a su origen común. El método Swadesh léxico-estadístico o glotocronológico se basa en la toma de 215 palabras en dos grupos de 100, son palabras clave como pronombres personales, numerales bajos, partes del cuerpo, nombres de parentesco, algunos verbos de acción, algunos adverbios de tiempo y lugar, objetos de la naturaleza, acciones muy corrientes, acciones corporales e interrogaciones.

Swadesh aseguraba que en el vocabulario básico el ritmo de cambio es tan regular en las lenguas, que había podido crear un sistema de medición del tiempo transcurrido en el que dos idiomas estuvieron relacionados en el pasado y que hoy están separados geográficamente, por el número de elementos sustituidos de la lista, calculándose a razón de 1,4 por ciento cada siglo. Pero el método tiene muchas partes aleatorias, no es como el estudio del “método histórico” sobre idiomas que se han escrito durante milenios, por tanto su interés es siempre muy parcial.

Según Swadesh, ese vocabulario básico de 100 ó 215 palabras cambia menos de un 20% por milenio en cada idioma. Estas variaciones en el vocabulario dejan un poso común a dos o más lenguas actuales relacionadas entre sí, que se trata de medir cronológicamente, estableciendo de esta forma la distancia entre un idioma y sus parientes más modernos. Si el número de palabras de misma raíz entre dos idiomas de esos dos grupos de 100 es menor o igual al 5% se considera casualidad (pero la cifra no responde a nada en concreto), y si es superior se ha demostrado que sería fruto de algún pasado común; se ha estudiado una fórmula sacada de realidades entre idiomas conocidos para, en función del porcentaje resultante, saber cuando se produjeron el contacto entre esos idiomas.

La fórmula que se usa para saber el tiempo transcurrido entre el período en el que se produjo el contacto y el momento actual es:
t= log c/2log r (t = tiempo transcurrido, c = nº de coincidencias, r = constante de variación).

El resultado con el euskera fue el siguiente (con el resto de idiomas con que se ha comparado por este método al euskera el resultado es inferior y no significativo):

lista 215 lista 100
Caucásico circasiano de noroeste: 6,62% 7,52%
Caucásico ávaro de noroeste: 3,80% 5,37%
Georgioano, caucásico meridional: 4,73% 7,52%
Berebere del Rif (norte de Marruecos): 6% 9,67%
Berebere de Sus (sur de Marruecos) 7,38% 10,86%

Muchas de las similitudes dadas por buenas son más que cuestionables, tampoco se tiene en cuenta la evolución de las palabras y de los idiomas, algunos préstamos de otros idiomas se dan por buenos, etc. (Fuente: “El euskara arcaico”, Luis Nuñez Astrain).

Tampoco podemos olvidar lo que el mencionado lingüista estadounidense R.L. Trask escribió en sus libros “Historical linguistics” y en su “History of Basque”, donde compara el húngaro con el euskera y con el que encontró en dos horas de búsqueda 65 palabras parecidas que sólo podían ser fruto de la casualidad, pero que nos hacen cuestionar muchas investigaciones; este ejercicio probado por otros investigadores con otras lenguas sin relación entre ellas, ha dado el mismo sorprendente resultado. Como el mismo R.L. Trask sentencia: “No acierto a entender por qué algunos lingüistas se emocionan tanto cuando encuentran dos docenas de palabras vascas que se parecen a otras dos docenas de palabras bereberes o sumerias”.

La relación entre el vasco y las lenguas caucásicas fue formulada por primera vez de modo científico por el lingüista Italiano A. Trombetti (1902-03), quien más tarde en 1925, publicó su obra “Le origini de la lingua basca”. Otros habían sugerido ya esta posibilidad como el vasco Antoine d’Abbadie en 1836 y el Alemán Hugo Schuchardt (1842-1927) más tarde.

El Cáucaso se encuentra a 4.000 kilómetros de Garona-Pirineos-Ebro donde habitan los vascos. En el Cáucaso conviven cerca de 50 pueblos diferentes entre sí con sus idiomas. La dificultad principal en establecer la relación euskaro-caucásica consiste en la falta de unidad entre las distintas lenguas caucásicas a su vez, hasta formar 22 lenguas distintas, según la clasificación que ofrece Dumézil en “Les langues du monde” (1924), entre esas lenguas caucásicas las principales son:

Noroccidentales: Abajaso (91.000 hablantes), Abaza (65.000), Circasiano o cherqués (328.500). Septentrionales o veinajíes: Bácico (3.000), Inguso (159.000), Chechenio (320.000)
Nororientales o daguestánicas: Ávaro (461.000), Andí (8.000), Dido (7.000), Laco (94.000), Dargínico (273.000), Lezguio (189.000), Tabasarano (72.000)
Meridionales o kartvélicas: Georgiano (3.485.000), Suano (20.000), Mingrelio-lazo (349.000).

La relación léxico-estadística de Swadesh el circasiano y el georgiano con el euskera es del 7,52%, más alta que con cualquier otro idioma del mundo. El supuesto contacto se habría producido en el magdaleniense, por tanto hace unos 10.000 años, según este método de Swadesh (se puede leer al respecto el artículo “El euskera el latín del paleolítico europeo” del mismo autor).

Con el resto de los idiomas del Cáucaso, con los kabardiano, abkahziano del noreste y con los idiomas katvelianos del Sur (megreliano, svaniano etc.), tiene el euskera actual parecido en la tipología (verbos, el ergativo etc.) y en la etimología de algunas palabras, pero su relación léxico-estadística con todos ellos es menor al 5%.

Para los que quieran seguir ahondado en el tema, es recomendable el libro “El origen de los vascos” del genial historiador ronkalés B. Estornés Lasa, donde se citan palabras comunes caucásicas y vascas, como el “gu” (nosotros) del euskera común al georgiano y svano, el “zu” (tú) del euskera y la misma palabra del cherkese etc., según este autor habría centenares o miles de paralelismos; también se puede consultar el libro “el euskera arcaico” de Luis Nuñez Astrain, de mayor precisión.

También existen paralelismos entre el euskera y el georgiano en aspectos sintácticos, como en el uso del ergativo (verbos transitivos-intransitivos, formas “Nor-Nork”) que no se dan en ningún otro idioma europeo y que sólo se dan en el tibetano y en el burushaski de la India en el mundo (aunque este último lo ha perdido recientemente).

Hay además connivencias entre el euskera y el georgiano en el modo reflexivo de hacer frases como: “he visto mi cabeza en el espejo” (nire burua ispiluan ikusi dut), y no: “me he visto en el espejo”, que sólo se da en el georgiano además de en el euskera.

La /h/ aspirada, elemento propio del euskera que lo diferenciaba en la epigrafías fácilmente de otros idiomas que no lo poseían como íbero por ejemplo, tiene su equivalente en los idiomas caucásicos, elemento ya desaparecido en el dialecto occidental, según se puede ver en la reja de San Millán del año 1025, donde aparecen numerosas “h” transpiradas en los nombres de los municipios del condado alabés.

Otro elemento común de los idiomas caucásicos y el euskera es el uso de base veinte para contar, que también es común al burushaski hindú y al el dialecto berebere tachelhit (mayoritario entre los bereberes de Marruecos, Alto-Atlas, laderas meridionales y hasta el océano). Para entender lo que se quiere decir, en euskera hogei es veinte: berrogei(dos veces veinte, luego cuarenta), hogeitamar (veinte y diez, luego treinta) etc., incluso hay textos, de los primeros en euskera, donde el número cien (ehun en euskera) se escribía bostogei (cinco veintes) o para cientosesenta zortzitan hogei (ocho veces veinte), por ejemplo. Esta métrica tiene su razón de ser en los dedos que el hombre posee para contar, los de las manos y los de los pies; otros autores lo relacionan con los ciclos solares.

También usan el veinte como base, tal y como lo recoge Urbeltz en su libro “Bailando el Caos”: los tamanas en el Orinoco, los inuits en Groelandia, ainus en Japón, ciertas culturas precolombinas de América Central, los mayas, o las africanas de Malinké del Alto Senegal y Guinea, los banda de África Central, los yebu y yoruba de Alto Senegal y Nigeria etc. En Europa lo usan los idiomas celtas como el galés y quedan restos en el inglés, francés o danés, quizás por influencia de los idiomas celtas (pero es imposible saber si el euskera influyó en el celta, si fue al revés o si es una casualidad).

Pero muchos lingüistas actuales o recientes de renombre, se muestran escépticos con el parentesco con los idiomas caucásicos, así, Koldo Mitxelena (1915-1987) ya decía que: “En resumen, hay algunas similitudes léxicas vasco-caucásicas de las que no cabe demostrar que sean posibles, pero en cambio hay una gran cantidad cuya extraordinaria inverosimilitud puede demostrarse (…). Incluso si el euskara y las lenguas caucásicas remontan a un origen común, el número de eslabones intermedios desaparecidos debe de ser tan elevado que es de temer que, por no conocerlos, no se lleguen a establecer los antiguos lazos de parentesco”.

Otro lingüista vasco, el donostiarra José Luis Álvarez Enparantza “Txillardegi” (Donostia 1926), comenta (1996): “Hasta no aclarar el lío entre lenguas caucásicas y no decidir con nitidez con qué lengua caucásica vamos a comparar, no es muy serio tomar en cuenta este o el otro puntito de aquí y de allí de cualquier modo. Es cierto que, en resumen, en el terreno de la lingüística científica y de la investigación rigurosa, no podemos decir gran cosa sobre la hipótesis caucásica. Primero debemos de esperar un poco a ver si se aclara la madeja de las lenguas caucásicas.”

En caso de haber una relación, tanto para Koldo Mitxelena, como para el euskaltzain Xabier Kintana (Bilbao 1946) o para el prestigioso lingüista francés Antoine Meillet (1866-1936), se tiene que remontar a los milenios quinto y sexto o anteriores. Estudios recientes en tesis doctorales van aportando más luz al parentesco entre el euskera y el georgiano.

– Aitzol Altuna –

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