San Bernabé y los franceses en Logroño. Ocultamiento y negación

Arco conmemorativo de la batalla del día de san Bernabé (11 de junio de 1521) (Fuente: wikimedia.org)

Arco conmemorativo de la batalla del día de san Bernabé (11 de junio de 1521)
(Fuente: wikimedia.org)

El 11 de Junio día de San Bernabé, patrón de Logroño, se celebran las fiestas patronales de la capital riojana. La jarana, el buen ambiente, la jovialidad, el trato natural franco y espontáneo de los riojanos hicieron que pasara una grata jornada con ellos, hará ya de esto 3 años. Entre los diversos actos festivos hubo uno que atrajo poderosamente mi atención. Desde 2008 se celebra en los alrededores de la muralla de Revellín unas representaciones que evocan el relato del asedio sufrido por las tropas ”francesas” , en las que se refleja la batalla vivida en las puertas de la ciudad en 1521. Suele ser usual que en estos tipos de episodios históricos intervenga el imaginario popular y sobrevenga un relato mitificado en el que la leyenda se impondría al hecho histórico en sí. Surge pues la leyenda, relato folklórico con base histórica, formando parte de la tradición de un pueblo como expresión de su cultura, y como tal, acreedora del mayor respeto. No obstante, hay un aspecto en ésta de San Bernabé que me dejó desasosegado, llegando a la convicción de que el término “francés”, machacona y reiterativamente esgrimido, no es utilizado de manera inocente. Tal aseveración exige una explicación razonada.

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Representación de los combates del 11 de junio de 1521. Obsérvese el uso de las Flores de Lis de los Borbones franceses como símbolo de las tropas navarras (Fuente: diasdefiestaenlarioja.blogspot.com)

En la primavera de 1521 tuvo lugar el tercer intento de liberación del Reino de Navarra, 9 años antes (1512) invadido y conquistado por el ejército castellano-aragonés. Los libros de Historia de España suelen presentar la campaña de 1521 como una mera invasión ”francesa” frustrada un mes más tarde (30 de Junio) con su derrota en los campos de Ezkirotz y Noáin.

En primer lugar, habrá que evidenciar que por aquella época (1521) los Pirineos no eran ni habían sido tierra francesa, sino gascona y occitana. La Gascuña o Wasconia primigenia, con el gascón como idioma propio, se extendía desde Burdeos y la desembocadura del Garona hasta el Rosellón catalán. Sus relaciones históricas con Navarra y sus intereses comunes en aquella época están suficientemente documentadas por diversos autores. Por todo ello, tanto el estimar que la Francia del siglo XVI concuerde geográficamente con su actual territorio, como el asignar y definir con la palabra “francés” a todos los habitantes del norte de los Pirineos, constituyen una adulteración flagrante y manifiesta.

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Territorios gobernados por la Dinastia de Albret-Foix en vísperas de la conquista iniciada en 1512 (Fuente: http://historiadenavarra-nafarroa.blogspot.com.es/)

En segundo lugar, también habrá que rememorar y atestiguar que tras la conquista y ocupación militar de la Navarra peninsular en 1512, siguió existiendo soberanía en la Navarra continental no ocupada durante más de 100 años (hasta 1620), período de tiempo en el que se hicieron grandes esfuerzos militares y diplomáticos para la recuperación total del Reino. Habida cuenta que los mandos militares nombrados por los Reyes soberanos de Navarra fueron navarros, familiares suyos o cargos de sus territorios (Bearn, Lapurdi, Bigorra, Foix, Albret….), se puede aseverar con rotundidad que el ejército organizado en 1521 por los reyes de Navarra no era ni francés ni franco-navarro, sino auténticamente navarro. Por otra parte, estando legitimados los monarcas en su empeño por recuperar lo que en 1512 les fue arrebatado oprobiosamente por el extranjero invasor y opresor castellano, dicho ejército no sólo era auténticamente navarro sino también, y singularmente, de liberación.

La población navarra desde la invasión castellana de 1512 estuvo sometida a todo tipo de vejámenes: la propia conquista y ocupación militar; el sometimiento mediante la represión y el amedrentamiento; los permanentes saqueos, exacciones y coacciones; la destrucción de su sistema defensivo; la persecución de los opositores; la purga de todos los navarros con cargos institucionales, civiles y eclesiásticos…Lógicamente, el descontento y hartazgo de los navarros era público y ostensible.

Todos estos factores hicieron que la entrada del Ejército navarro en 1521 fuera, en realidad, un paseo militar gracias al levantamiento en masa del reino. Y así, en tanto Pamplona, Sangüesa, Estella, Tafalla, Tudela… se alzaron en armas y sus vecinos consiguieron expulsar a las guarniciones españolas, tropas exclusivamente navarras obtuvieron contundentes victorias en Yesa, Obanos y Zegarrain. A destacar la importante participación de la población judía y musulmana en Tudela y la Ribera…, los miembros de la Inquisición española pusieron pies en polvorosa y abandonaron Tudela despavoridos. Existen documentos con listas de voluntarios navarros que se sublevaron en la Alta Navarra antes de que llegara el ejército navarro al territorio ocupado, y de cómo fueron liberando a los pueblos del yugo del virrey español. El propio condestable de Castilla, general del Ejército hispano, reconocía al emperador en carta de 11 de junio de 1521 desde Santo Domingo de la Calzada: “Todo el Reino se levantó por don Enrique”.

André de Foix, Señor de Lesparrou o Asparrots (1490-1547) (Fuente: Wikipedia)

André de Foix, Señor de Lesparrou o Asparrots (1490-1547)
(Fuente: Wikipedia)

La liberación de Navarra se realizó en apenas 20 días. André de Foix, señor de Lesparrou y general del ejército navarro (Asparrots para los navarros), pretendió consolidar sus posiciones en Navarra poniendo sitio a Logroño. Hay que tener en cuenta que en aquella época había pocos puentes que permitieran cruzar el Ebro; uno estaba en Logroño, el otro en Tudela ya en poder de los legitimistas. La apuesta estratégica fue arriesgada y salió mal. Los logroñeses opusieron feroz resistencia, lo que unido al hambre de los sitiadores motivada por el mal abastecimiento de alimentos y a la proximidad de las tropas castellanas que acudían con presteza en socorro de la capital riojana, obligó al ejército de Lesparrou a levantar el sitio. Era el 11 de Junio de 1521, día de San Bernabé.

Inmediatamente después, el Ejército castellano cruzó el Ebro para iniciar la segunda conquista de Navarra que sería mucho más larga y brutal que la primera. Las tropas castellanas, mal pagadas y abastecidas, saquearon sistemáticamente todas las localidades que encontraron en su camino desde Viana a Pamplona, la mayoría de ellas de sus hasta entonces aliados beamonteses. En tanto el Condestable aseguraba al emperador que habían convertido a sus aliados en enemigos, el otro general español, el Almirante, sentenciaba al monarca refiriéndose a los navarros: “los hemos perdido a todos”. Días más tarde, 30 de Junio de 1521, ambos generales obtenían una rotunda victoria en Noain.

La represión fue feroz. A finales de ese mismo año el nuevo virrey español, tras informar del ahorcamiento de una decena de legitimistas navarros, retrataba de este modo la situación del reino en carta dirigida al emperador: “Todo en Navarra está muy peor de lo que solía. Todos los más de los principales agramonteses y toda la otra gente de Navarra agramontesa no puede estar peor de lo que está. Y de los beamonteses muy gran parte”. Y reconocía que España tan solo tenía el apoyo del conde de Lerín y de una veintena de nobles. Fiel reflejo de la situación de opresión y descontento en que se encontraban los navarros. Sirva como prueba de su situación de menesterosidad y desvalimiento el testimonio de Diego Ramírez de Ávalos, coetáneo de los hechos, quien describe en estos términos las circunstancias en que quedaron los navarros tras la derrota:

“Como ovejas sin pastor….padecieron sus casas y haciendas y parientes grandes infortunios por la dura gobernación y mala conciencia de Castilla y por falsas acusaciones, unos en destierro, otros degollados, otros maltratados y atormentados…, todo esto por sostener su lealtad, puesto que los castellanos a todos los que hicieron su parte llamaban leales y a los que hasta la muerte siguió y siguieron, traidores…”

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Concentración anual en recuerdo de la Batalla de Noain (1521) (Fuente: http://www.noticiasdenavarra.com/)

Y así fue, así ocurrió. Se les llamó traidores por defender su tierra del soberano extranjero. La represión fue atroz y salvaje, y a los navarros leales se les aherrojó más si cabe, acusándolos no sólo de “crímenes de lesa majestad” sino que también se les tildó de rebeldes, criminales, cismáticos, asesinos, herejes y …franceses. Sí, se les llamó franceses a los navarros leales a sus soberanos legítimos, a los que defendieron la libertad territorial, la jurisdicción institucional y la independencia de Navarra.

Vuelvo a mi desasosiego en fiestas de San Bernabé, comprensible, en cierta manera, por la memoria y evocación de los sucesos históricos antedichos. Empero, gran parte de mi desazón provenía de otro fundamento o razón. Y es que el uso reiterado de la palabra “francés” me hacía no sólo sospechar su uso no inocente, sino también valorar y estimar que lo que se pretendía era conseguir, taimada y arteramente, un objetivo oculto y solapado.

Mi convicción es que la intención de este enmascaramiento entraña una doble finalidad. Si bien, en tanto por una parte se intenta desviar el sentido histórico reduciendo la ocupación de Navarra a un pleito a zanjar entre antagonistas españoles y franceses; por la otra se intenta no sólo ocultar, también negar, lo que está detrás del “francés”, del no-español, del no-ser, del otro. Obviamente, detrás de ese “francés”, oculto, encubierto, clandestino, furtivo e ilegal, incógnito y anónimo se encuentra el pueblo navarro soberano.

Ocultamiento y negación del pueblo soberano navarro. Dos caras de la misma moneda en el “francés” de San Bernabé en Logroño.

-Jesus Perez de Viñaspre Txurruka-

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3 pensamientos en “San Bernabé y los franceses en Logroño. Ocultamiento y negación

  1. Hermano Templario 8 mayo, 2016 en 5:08 pm Reply

    Sin duda, creo que este hecho que se repite anualmente nos recuerda mucho a los alardes que se celebran también anualmente en diversos puntos de Gipuzkoa. Rememoraciones de sucesos bélicos que trastocan por completo la realidad histórica de la Navarra entera.

    Gracias, Martin Ttipia, por tan buen artículo.

  2. Chema Pamplona 10 mayo, 2016 en 11:10 am Reply

    A ver, a ver, a ver….. que de una suposición criada con los vapores de un buen Rioja hacemos un hecho histórico. Por supuesto que en el ejercito que asedió Logroño había navarros. Pero es que era un ejército de 30.000 hombres formado por bearneses, labortanos, franceses y bajonavarros a los que se unieron algunos altonavarros. Pero vaya, que el ejército estaba comandado por Monsieur André de Foix para defender al rey francés Francisco I. De ahí a decir que lucharon sólo navarros y que fueron tachados de “franceses” va un trecho y un salto digno de la máquina del tiempo. Algunos de nuestros antepasados se unieron a los franceses y se fueron a ver si tomaban Logroño en base a que llevaban 29 cañones y les dieron en todo el morro. Es normal, los habitantes de Logroño se defendieron como numantinos para salvar sus vidas y familias. ¿Que txorras andarian haciendo los navarros allí intentando pisar la cabeza a los desdencientes del Reino de Nájera? No creo que sea muy digno andar insinuando cosas de nuestros vecinos riojanos, que al final nos mirarán con ojos raros. Por cierto, el emperador Carlos I de España, para que perdurase la memoria del triunfo sobre los franceses, mandó añadir tres flores de lis al escudo de la ciudad de Logroño, no tres cadenas. Jajaja.

  3. Iñigo Larramendi 17 mayo, 2016 en 7:53 pm Reply

    No creo, a mi modesto entender, que ese sea el tema del artículo; ni, mucho menos, que juzgue a los logroñeses del siglo XXI, yo no veo nada de eso.
    No olvidemos que, en aquel momento, la mayor parte de los ejércitos se basaban en mercenarios de las más variopintas procedencias. También en la guerra de independencia de los Estados Unidos hubo una destacada participación francesa, y nadie niega por ello que, ante todo, fue una guerra de independencia. La diferencia es que los norteamericanos vencieron, y los navarros perdieron, nada más; ya se sabe que la Historia la escriben los vencedores.
    Todo conflicto “local” tiene una dimensión “internacional” -inevitable-, pero negar esa dimensión “local” es manipular dichos hechos al presentarlos de manera incompleta. Tan incierto sería negar la importante implicación francesa, como lo es negar que el objetivo principal de aquellas acciones, con mayor o menor fortuna, era recuperar la independencia del Reino navarro.
    No es necesario, por cierto, cruzar el Ebro para encontrar este mismo relato, que presenta la realidad histórica de manera conscientemente mutilada. Por encima de las sociologías electorales, al sur y al norte del Ebro, el relato generalmente aceptado es el mismo. A reflexionar…
    Ese es, en mi opinión, el objeto del artículo; y lo demás, pasear por los cerros de Úbeda.

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