Miranda de Ebro: baskona y nabarra (y III)

Alaba era uno de los territorios de los baskones al sur de los Pirineos, cuyo primer conde conocido fue Eylon de Alaba (866), descendiente de la mencionada familia de los Belasko dominantes también de la comarca de Pamplona y el segundo, ya bien documentado, fue Bela Jiménez (882). Parece claro que con los Belasko y la creación del reino de Nabarra, tanto Alaba como la comarca que incluye Miranda, estaban integrados en el reino nabarro desde su génesis tras la caída del ducado de Baskonia en el 768 por los ataques francos, musulmanes y asturianos y la creación el sur pirenaico del reino baskón de Nabarra (año 824). En la Crónica Albeldense del reino de Nabarra, escrita en 883, se alude dos veces al “comes in Alava”.

El hijo del primer rey de Nabarra, Eneko Garçea II (860-882), cerró casi definitivamente Alaba a los musulmanes con los castillos de Zaldiaran y el de las Conchas de Arganzón entre otros, lo que marcaría también el inicio de la recuperación del reino nabarro frente a los musulmanes.

Pero no fue hasta el siglo X cuando los cristianos bajo el rey nabarro Sancho I Garcés (905-25) empezaron a recomponerse y comenzaron la recuperación de toda la ribera del Ebro, así como su repoblación. Sancho I Garcés creó las primeras tenencias para defenderse de los ataques de los musulmanes, la mayoría en la Ribera, como las de: Aibar, Funes, Falces, Tafalla, Sartaguda, Salazar, Leguín, Resa, San Esteban, Caparroso, Rada, Argueda, Azafra, Arla, Uxue y Alesves. Llamó a las tenencias “Udalla u Udalha”, “el concejo”, que denominaba después al territorio mancomunado y hoy a los ayuntamientos (“Castillos que defendieron el reino” Iñaki Sagredo).

Miranda de Ebro adquirió una mayor relevancia en ese siglo X tras alejarse el peligro musulmán. Es en ese siglo cuando los reyes de Nabarra mandaron construir su puente de piedra, después explotado el pontazgo por el obispo de Calahorra (s. XIII).

Ante tanto ataque, la región de la llanada mirandesa habría quedado prácticamente despoblada durante varios siglos, siendo después repoblada con “foramontanos” o gente huída a los montes Obarenes, así como con baskones de otras regiones, principalmente alabeses. En todas las comarcas baskonas que hicieron de tapón entre cristianos y musulmanes, hay signos más que evidentes de repoblación por baskones en los siglos IX-X o incluso de la pervivencia de poblaciones euskaldunes anteriores, según una vieja discusión en la que el riojano J.J.B. Merino Urrutia aportó cientos de datos y documentos.

Montes Obarenes y Sierra de Oña

Imagen del Parque Natural Montes Obarenes (Argazkia: http://www.escapadarural.com)

Sean autóctonos y/o repoblaciones (lo más probable es una mezcla de ambas), en la comarca y alrededores de los montes Obarenes donde está situada la villa de Miranda, tienen claro nombre en nabarro o euskera al menos los municipios riojanos de: Ochanduri, Sajazarra, Fonzaleche, Cuzcurrita, Galbarruli, Cihuri o el castellano de Miraveche, y poco más allá muchos otros como el significativo de Nahuarri (literalmente “población o ciudad de nabarros”), Casalarreina desde el siglo XV.

“Cuentan la crónicas que ese ramal montañoso que, siguiendo la dirección del Valle, se prolonga desde Logroño a Burandón (hoy alabés y cercano a Miranda de Ebro) como un gran mural fue fortificado por el rey de Nabarra don Iñigo Arista (Eneko Aritza, primer rey de Pamplona-Nabarra) para impedir el avance de las huestes musulmanas. Una política que luego sería seguida al pie de la letra, e incluso potenciada, por su hijo don García (Eneko Garçea), razón principal por la que ese conjunto de farallones sería denominado a partir de entonces como Sonsierra de Navarra (cambiada tardíamente a Sonsierra de Cantabria e incluso de Toloño –un pico del mismo-, de la cual los montes Obarenes de Miranda de Ebro o Pancorbo son su continuación natural).

Del mismo modo, queda constancia de que el año 934 no había en toda esa superficie o franja de terreno conocida (hoy) como Rioja Alavesa (justo al Este de Miranda) ningún poblado de cierta entidad, sino tan sólo Solares que fueron erigidos con permiso de los monarcas navarros junto con unas tierras anejas (como la comarca mirandesa) que se dedicaban a “trajines agrícolas”, según leemos en el Resumen de la historia de la comarca del Ayuntamiento de San Vicente de la Sonsierra y Gobierno de La Rioja”.

-Aitzol Altuna-

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