DISCURSO DE INAUGURACIÓN DE “MARTIN TTIPIA LEKUA”

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Egun on, eta ongi etorri.

Antes que nada, y en el nombre de MARTIN TTIPIA KULTUR ELKARTEA, queremos transmitir nuestro agradecimiento a quienes os habéis acercado a este sencillo, pero, en nuestra opinión, importante acto que celebramos esta mañana. Igualmente, queremos extender nuestro agradecimiento a los grupos políticos municipales que apoyaron nuestra moción, así como al Sr. Alcalde, por decidir, en el ejercicio de sus competencias exclusivas, reservar un espacio en el mapa de Vitoria-Gasteiz a Martin Ttipia y los defensores de “Nova Victoria”. Eskerrik asko denoi!!

Dicho esto, ¿por qué hemos impulsado durante los últimos años el que se dedique este espacio en el que hoy nos encontramos a Martin Ttipia, y qué valor tiene, en nuestra opinión?

En primer lugar, lo hemos impulsado por un elemental ejercicio de justicia histórica para con quienes dieron o pusieron en peligro su vida defendiendo nuestra Ciudad y su independencia. Pero vamos más allá. Para entenderlo, partiremos de una conocida reflexión que, no por repetida, deja de ser completamente certera: somos lo que recordamos. O, dicho de otra manera -en palabras de un miembro de esta Corporación-, la Historia de un pueblo es lo que lo define.

Efectivamente, somos lo que somos -aunque en el día a día no seamos conscientes de ello-, como resultado de una larga cadena de personas y acontecimientos que han ido perfilando nuestro paisaje, nuestra cultura, nuestro lenguaje, nuestra política…. en definitiva, nuestra identidad. Pero no todas esas personas y acontecimientos tienen la misma importancia, ni podemos recordarlos todos: son una serie de hitos los que resumen ese devenir y los que, grabados en nuestra memoria colectiva, nos definen y se constituyen en bases sobre las que construimos el futuro.

En la medida en que nosotros definamos esos hitos, pues, seremos los verdaderos dueños de nuestro futuro; en la medida en que lo hagan otros -por lo general, los vencedores-, en cambio, sencillamente dejaremos de existir. No hay ninguna sociedad sin relato, y ninguna colectividad con dignidad permite que otros le escriban su relato, pues eso es tanto como perder el dominio sobre sí mismo.

En no pocas ocasiones, en dicho relato se entremezclan el mito y la realidad. Está muy de moda últimamente, por cierto, discutir los mitos -o presuntos mitos- presentes en el relato de los vascos. Siendo ello absolutamente loable, cabría preguntarse por qué algunos de esos mitos son puestos en cuestión, y otros en cambio, ni se mencionan. Hoy, en cambio, no hablamos de ningún mito, sino de un HECHO (el cerco castellano a la villa navarra de Nova Victoria o Gastehiz entre 1199 y 1200), absolutamente contrastado y documentado, que nos ha sido sistemáticamente ocultado y minusvalorado. ¿Por qué?

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Probablemente la respuesta sea la misma que se puede dar a la doble pregunta que más habitualmente hace la gente cuando oye hablar por primera vez de este tema: “Pero, ¿a mí que me importa la Historia? ¿Por qué me tiene que importar algo que pasó hace 800 años?”. La respuesta es simple: no hablamos de algo que sucedió hace 800 años, sino de algo que empezó a suceder hace 800 años, pues sus consecuencias llegan hasta nuestros días, y nos afectan, aunque no nos interese la Historia.

Y es que, con independencia de cómo cada uno libremente las quiera valorar, hay cosas que, objetivamente, este acontecimiento pone de manifiesto:

  • En primer lugar, que en el origen de nuestro vigente estatus hay un acto de conquista -en concreto, del reino de Navarra-, y no otro tipo de acontecimientos.
  • En segundo lugar, que, en un contexto dominado por la acción de reyes y señores (cosa que, dicho sea de paso, no ha cambiado mucho, aunque los que mandan ya no monten a caballo ni lleven espada), la población de Nova Victoria, el pueblo, se erige en protagonista consciente y coherente de su futuro. Esto contradice la visión general de que en aquel tiempo “el vulgo” no tenía ninguna opinión ni posición política.
  • En tercer lugar, esa población defendió con valor su pertenencia a una entidad concreta, el reino vascón de Navarra. Se suele argumentar que dicha “pertenencia” se entendía como mero vasallaje a un rey, sin conciencia colectiva (que, por lo visto, no apareció hasta la Revolución Francesa); que la pertenencia al reino navarro era algo circunstancial y puntual; o que, ya entonces, Álava y Navarra eran entidades separadas, tal y como hoy lo son la Comunidad Foral de Navarra y el Territorio Histórico de Álava (éstas, por lo visto, ya existían entonces). Para mantener esta línea de argumentación, que busca minusvalorar la importancia del reino navarro y presentarlo como una entidad ajena a las tierras de Álava, es necesario soslayar muchas otras realidades históricas, a saber:
  1. que la aparición documental de Álava en los textos asturianos y musulmanes se refieren a su pertenencia a Vasconia -por algo se llama así el principal club de baloncesto de nuestra ciudad-, la entidad política de la que también nació el reino de Pamplona/Navarra, y a la que también se refieren visigodos y francos.
  2. que no era, ni mucho menos, el primer acto de conquista con resistencia que sufrieron las tierras de Álava desde el oeste (también las hubo, al menos, en 850, 866 y 1076).
  3. que, apenas 30 años después, los infanzones de Obanos se organizaban Pro libertate patria… y no Pro libertate regis….
  4. y no podemos olvidar tampoco la existencia de una comunidad lingüística, Euskal Herria, el pueblo del euskera, idioma que con el paso de los siglos fue prácticamente erradicado de Araba.

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Para terminar, no sabemos lo que habría pasado si la conquista de Vitoria no se hubiera producido. Lo que sí sabemos es que ni el lenguaje que utilizamos, ni nuestra realidad política y social son las mismas tras la conquista de 1200. Difícilmente nadie habla hoy de las costumbres de los navarros de Álava y Bizkaia como se hacía en el Codex Calixtinus escrito unos 70-80 años antes de la conquista. Tampoco sería igual (o no existiría, quién sabe) la frontera creada alrededor de 1256 por Alfonso X el Sabio de Castilla al dar fuero a Oiartzun, Tolosa, Segura, Agurain, Contrasta y Santa Cruz de Campezo, y que hoy separa la CAV y la CFN. Y muchos más ejemplos….

Todas estas consecuencias de aquella conquista son, desde luego, realidades innegables en nuestros días. Pero en manos de cada uno de nosotros y nosotras está decidir si las damos por buenas o no. A nosotros, como asociación, nos corresponde únicamente dar a conocer los hechos históricos comprobados y documentados que nos permitan entender por qué existen y a qué intereses respondieron y responden. A partir de ahí, sólo la iniciativa popular de los gasteiztarras y vascos ó navarros del siglo XXI, y no ningún determinismo histórico -por si alguien piensa que es eso lo que buscamos-, nos dirá si 800 años después seguimos aceptando, o no, las consecuencias de la conquista de 1200.

Sea ésta, ojalá, sólo una primera piedra, a la que sigan muchas más, en el camino de la recuperación de un relato propio para nuestro pueblo. Y es que sólo el pueblo que es dueño de su pasado puede ser dueño de su futuro…. porque, por si alguien aún no se ha dado cuenta, no es simplemente de pasado de lo que hemos estado hablando durante todo este rato, sino, ante todo, del futuro, de nuestro futuro.

Izan zirelako gara, eta garelako izango dira.

Eskerrik asko denoi!!

– Iñigo Larramendi, en nombre de MARTIN TTIPIA KULTUR ELKARTEA-

 

 

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