Dime cómo te llamas y te diré quién eres (I)

El individuo, ante su propia imagen (Iturria: https://elbloganimal.com)

El individuo, ante su propia imagen
(Iturria: https://elbloganimal.com)

Nota previa: El presente escrito es la primera de las cuatro partes de un escrito que iremos publicando en los próximos días, con los siguientes contenidos:

* Parte I: Planteamiento

* Parte II: América, África y Oceanía.

* Parte III: Asía y Europa

* Parte IV: …¿y “nosotros”?

  1. Izena duen guztia omen da

Así reza un conocido refrán euskaldun: todo lo que tiene un nombre, debe de  existir.

Este refrán nos retrotrae a un tiempo, ya lejano, en el cual la frontera entre fantasía y realidad, entre fe y experiencia, entre creencia y credulidad, entre cielo y tierra, era ciertamente difusa. Un tiempo en el cual la gente convivía, de forma cotidiana, con Mari, Lamiak, Basajaun o Herensuge… o por lo menos eso creía. Un mundo ya desaparecido pero del que, afortunadamente, hemos conseguido guardar numerosos testimonios gracias a la ímproba labor de maestros como Aita Barandiaran y otros investigadores -algunos conocidos, y muchísimos anónimos- a los que nunca estaremos suficientemente agradecidos.

Aita Joxe Miel Barandiaran, patriarca de la cultura vasca (Iturria: www.argia.eus)

Aita Joxe Miel Barandiaran, patriarca de la cultura vasca
(Iturria: http://www.argia.eus)

Las luces cegadoras de la Ciencia acabaron para siempre con las nieblas y las sombras de aquellos tiempos pasados. Recordando a Goya, podríamos decir que ya sólo el sueño de la Razón produce monstruos, pues estando despiertos es imposible soñar. Ya la Ciencia se ha encargado de explicar cómo y por qué se mueven esos astros a los que nuestros antepasados rendían veneración; que las simas y cuevas no son la entrada al mundo de los muertos; y que las posesiones demoníacas se tratan con fármacos a cargo de la Seguridad Social. Dificilmente puede ya un niño creer en los Reyes de Oriente o en el bonachón Olentzero, cuando todos los regalos son Made in China….

“El sueño de la razón produce monstruos”. Grabado de Francisco de Goya para su serie “Caprichos” (1799)
(Iturria: http://www.elgranhater.com)

Desde luego que, en el ámbito de las Ciencias Naturales, el refrán con el que hemos abierto esta reflexión ha perdido su sentido. Aunque podamos decir que 2 + 2 = 5, no por eso 2 + 2 va a dejar de darnos 4. Y, aunque alguien pueda formular que la Tierra es el centro de la Creación, sabemos que nunca fue ni será así. La realidad de la Naturaleza y sus leyes están muy por encima del ser humano.

Tal cosa no sucede, en cambio, si pasamos al campo de las Ciencias Sociales. Dicho de otra manera, al ámbito de aquello que crea el propio ser humano. Aquí sí que izena, el lenguaje, modela la realidad, izana. En palabras del filósofo Ludwig Wittgenstein, “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente”.

  1. Lenguaje, autoimagen e identidad

En este ámbito, al contrario que sucede en el ámbito del conocimiento de la naturaleza, el lenguaje no sólo describe una realidad externa a él mismo -una realidad que seguiría existiendo aunque el mismo lenguaje no existiera-, sino que crea una realidad que sólo existe inicialmente en la mente del sujeto, pero que, en tanto en cuanto se refleja en un comportamiento concreto, deviene en realidad sensible, como en el principio de la Profecía Autocumplida. En definitiva, el lenguaje es ese par de gafas a través del cual vemos el mundo, representamos éste en nuestra mente, y definimos nuestro comportamiento.

“Y yo, ¿quién soy?”
(Iturria: http://www.abc.es)

Una aplicación concreta de este principio se da en la forma en que los pueblos se denominan a sí mismos, y cómo se denominan entre sí. Como es bien sabido, una de las características que diferencian al ser humano y algunos primates (parece ser que también a delfines y elefantes) del resto de animales, es su capacidad para reconocerse en un espejo. Dicho de otra manera, son dueños de su autoimagen, tienen una imagen mental de sí mismos.

No sólo es así, sino que además la construcción de esa autoimagen ocupa buena parte de su tiempo, pues de ello depende su identidad. Si alguien no fuera dueño de su propia imagen, en realidad dejaría de ser él mismo. Oscar Wilde juega magistralmente con esta idea en su novela “El retrato de Dorian Gray”.

“Cuando entraron, encontraron, colgando de la pared, un espléndido retrato de su señor tal y como lo habían visto por última vez, en el esplendor de su exquisita juventud y belleza. Sobre el suelo había un hombre muerto, en traje de noche, con un cuchillo en el corazón. Estaba ajado, lleno de arrugas, y su aspecto era repugnante. No fue hasta examinar sus anillos que reconocieron de quién se trataba.” Final de “El retrato de Dorian Gray” de Oscar Wilde
(Iturria: http://www.lamusayelespiritu.blogspot.com.es)

Esto, que puede resultar algo abstracto en el caso de los individuos -salvo que hablemos de ciertas patologías psiquiátricas-, tiene plena vigencia si hablamos de las colectividades humanas y, en particular, de los pueblos o naciones.  Y es que una de las características básicas de un pueblo es la autodefinición: un pueblo se define a sí mismo; si se define, o pretende ser definido, en función de otros, entonces ya no es un pueblo…o está dejando de serlo.

– Iñigo Larramendi –

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