LOS TÁRTAROS DEL VOLGA: TATARSTÁN, UNA APROXIMACIÓN A SU SITUACIÓN POLÍTICA

Kremlin de Kazan, capital de la república de Tatarstán
(Fuente: http://www.islamicworld.it)

Tatarstán es la república con mayores cuotas de autonomía de la Federación Rusa, y constituye una puerta estratégica, un punto de inflexión, una bisagra entre Oriente y Occidente. Actualmente tiene unos 4.000.000 de habitantes, su territorio comprende 68.000 km², y Kazán, su capital, es una moderna ciudad de 1.000.000 de habitantes localizada en la confluencia de los ríos Volga y Kazanka. Considerada uno de los miembros más avanzados de la Federación de Rusia en el aspecto económico, es principalísimo productor de petróleo y gas de Rusia, así como posesor de una pujante industria aeronáutica y automovilística. Los tártaros conforman la etnia turca más grande de Rusia, unos 5.500.000; su idioma pertenece a la familia túrcica, la cual incluye además el azerí, el bashkir, el kazajo, el kirguís, el nogái, el turco, el turcomano, el tuviniano, el uzbeko y el yakuto.

Tatarstán es una república que, según su propia Constitución, se autodefine como multiétnica con dos idiomas oficiales, el tártaro y el ruso. Un 43.3% de su población es rusa y el 48.5% es tártara. Cerca del  75% de los tártaros viven fuera del territorio de la República. Más que una sociedad multiétnica, la podríamos definir como biétnica y bicultural, con predominio de dos grupos étnicos y confesionales: tártaros y rusos, musulmanes y ortodoxos. La Constitución de Tatarstán aprobada en 1992, donde más del 60% de los tártaros votaron en referéndum que su república es un Estado soberano y sujeto del derecho internacional, deja la puerta abierta a la autodeterminación al dar prioridad a la legislación regional sobre la federal.

Situación geográfica de la República de Tatarstán dentro de la Federación Rusa
(Fuente: Wikipedia)

Mapa de la República de Tatarstán
(Fuente: http://russiatrek.org)

Bandera y escudo de la República de Tatarstán
(Fuente: https://fotosearch.com)

Los tártaros, antes conocidos como búlgaros, son un pueblo turcomano que, entre los siglos X y XIII, emigró del Sur de Siberia a la región del Volga. El nombre de tártaros fue introducido por los mongoles, y con el tiempo los rusos pasaron a incluir bajo la categoría de tártaros a todos los distintos pueblos urálicos, turcomanos y mongoles que habitaban en Eurasia. Los tártaros estuvieron vinculados por siglos con los pueblos mongoles y turcos. En el siglo XIII participaron en las campañas militares de Gengis Kan. En 1236, unos 150.000 de sus guerreros marcharon rumbo a Europa, conquistaron Rusia y fundaron el Estado turco-mongol. La sección occidental llegó a ser conocida como la Horda de Oro, y su capital, Sarai, se ubicaba a orillas del bajo Volga. Dicho estado abarcaba regiones de Siberia, con los Urales, y llegaba hasta las cordilleras de los Cárpatos y el Cáucaso. Los principados rusos se vieron obligados a rendir tributo a la Horda. En el siglo XV, la Horda se fragmentó y dio lugar a jurisdicciones como Crimea, Astracán y Kazán. Fue en 1552 cuando Iván El Terrible conquistó y ocupó Kazán. Desde entonces los tártaros han vivido numerosos intentos de rusificación y aniquilación de su cultura, medidas de represión que provocaron diversas rebeliones en 1556, 1669 y 1670, y una fuerte emigración hacia Asia Central.

La célebre catedral de San Basilio, en la plaza Roja de Moscú, fue mandada construir por el zar Iván “el Terrible”, entre 1555 y 1561, para conmemorar la conquista del Kanato de Kazan
(Fuente: Iñigo Larramendi)

Los rusos de forma persistente han intentado erradicar el Islam por medio de la colonización y la conversión al cristianismo, pero los tártaros del Volga son uno de los pocos pueblos musulmanes que han sobrevivido a más de cuatro siglos de dominación rusa. Los tártaros, antes de la revolución de 1917, estuvieron muy activamente implicados en el movimiento nacionalista musulmán. Pero la esperanza de un estado nacionalista turcomano en el Volga fue destruida cuando se creó la República Soviética Autónoma de Bashkiria (marzo de 1919), y la República Soviética Autónoma de Tartanstán (mayo de 1920). Entre 1924 y 1939 la batalla política dentro del Partido Comunista de los tártaros del Volga se debatía entre la derecha, partisanos tártaros, y la izquierda, comunistas pro-rusos. El trágico final fue la aniquilación de casi la totalidad de la elite política e intelectual tártara. En 1929, Moscú llevó a cabo la purga del Partido Comunista Tártaro para erradicar los sectores pro-islamistas y miembros nacionalistas.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Tatarstán vivió un intenso proceso de industrialización y urbanización con fuerte inmigración rusa, produciéndose, consecuentemente, una polarización-división de la sociedad, donde los tártaros representaban a la población rural y al campesinado, y los rusos a la población urbana e industrial, a los trabajadores y al sector técnico. El incremento de población rusa se puede considerar un indicador del intento por parte del régimen soviético de aumentar la división de la población, por medio de mecanismos de fragmentación que trataban de convertir a la población rusa en dominante. La desintegración de las estructuras políticas federales y del gobierno central de la URSS culminó en la independencia de las quince Repúblicas de la Unión Soviética entre el 11 de marzo de 1990 y el 25 de diciembre de 1991.

 El 30 de Agosto de 1990 Tatarstán declaró su estado de soberanía. El presidente de la república eligió el diálogo con Moscú, más que el enfrentamiento, y tras tres años de negociaciones, en el marco del proceso de federalización de Rusia, donde se discutieron temas como los asuntos financieros, los créditos y la exportación, el comercio exterior, el presupuesto de la república, los aspectos legales, y la organización militar, se llegó a un primer acuerdo. El 15 de febrero de 1994, el primer presidente tártaro Mintimer Shaimíev, y Borís Yeltsin firmaron un tratado bilateral garantizando el desarrollo de la autonomía de Tatarstán dentro de la Federación Rusa. En 2007, con Putin en el poder, Tatarstán firmó con Rusia un nuevo acuerdo que permitió limar algunas discrepancias jurídicas, acuerdo que ha expirado el pasado mes de Julio de 2017.

Mintimer Shaimiyev, presidente de Tatarstán entre 1991 y 2010 (Fuente. Wikipedia)

Hoy en Tatarstán, la etnia local domina todos los resortes del poder político y económico, los tártaros (cuya identidad nacional y cultural está muy arraigada) piden la renovación de un nuevo tratado de reparto de poderes con Moscú, pero el Kremlin se hace el sordo considerándolo obsoleto, argumentando que un Estado federal no puede construirse sobre la base de tratados con sus miembros. La demanda de los tártaros no es tanto política o económica como identitaria, y es un intento de contrarrestar la asimilación religiosa, cultural y lingüística rusa. Rinat Zakírov, presidente del  Congreso Mundial de los Tártaros, recuerda a Putin que dicha petición no es un capricho pasajero, sino la voluntad de la mayoría de los habitantes de la república y que si se muestra inflexible, la reacción de los tártaros (más de cinco millones repartidos por todo el país) puede ser muy negativa de cara a las elecciones presidenciales de marzo de 2018.

Vladimir Putin, desde que llegó al poder, ha llevado al país a una mayor centralización, y para ello ha aprovechado todas las oportunidades sobrevenidas argumentando, demagógicamente, que las prioridades, menesteres y exigencias a la hora de combatir el terrorismo, el separatismo o los agentes extranjeros que trabajan en contra de los intereses del país, requerían tomar medidas de concentración del poder en manos del Kremlin. Argumentaciones usuales y maquiavélicas  que las autoridades recrearon en las condiciones ideales para pisotear los derechos de las repúblicas y las libertades civiles de la población del país.

El presidente ruso Vladimir Putin, durante una visita a la República de Tatarstán
(Fuente: http://www.kremlin.ru)

Recientemente, destacados políticos rusos abogan por la modificación del artículo 5º de la Constitución de Rusia, relativo a la estructura territorial del país y la lengua del Estado, artículo que decreta y ratifica a la Federación Rusa como una corporación política instituida en repúblicas, territorios, regiones y comunidades autónomas, conformando y corroborando a las repúblicas como estados propios y, por tanto, posesoras de su propia constitución y legislación. Por otra parte, el ex ministro de Finanzas Alexei Kudrin propuso el pasado mes de Noviembre la idea de crear aglomeraciones de ciudades que deberían convertirse en centros únicos donde se concentrara tanto el potencial intelectual, como el capital social y la calidad de vida. Y así, planteó conectar Kazan con Ulyanovsk y Samara en una gran aglomeración, borrando ciertos límites administrativos con la finalidad de ser más competitivos al resolver el problema de la distribución ineficiente del trabajo.

Pero de lo que no se habló es de las repercusiones políticas que supondría esta reordenación territorial. Uno tiene la impresión de que todas estas declaraciones están de alguna manera conectadas entre sí; como si en Moscú, intencionada y provocativamente, se estuvieran realizando prospecciones al objeto de observar la reacción de la sociedad. Algunos observadores opinan que Putin ha decidido liquidar las repúblicas y, subrepticiamente, está promoviendo sus ideas a través de intermediarios para conseguir el apoyo de nacionalistas e imperialistas rusos para las próximas elecciones. Y no es nada desdeñable que, llegada una coyuntura favorable de la opinión pública, el próximo año 2018 implemente su idea de cambiar la Constitución del país.

Abundando en esta lógica hay otros hechos acaecidos en este último año que se pueden rastrear y que apuntan a un desafío en toda regla del Kremlin a Tatarstán, la república más poderosa y el último bastión del  federalismo en Rusia.

Desde el punto de vista económico, ha habido un fuerte conflicto debido a las demandas de Moscú de compartir ingresos adicionales. Tatarstán aumentó sus ingresos en un 3% en 2017, y el Kremlin decidió simplemente retirarlos como fondos adicionales para sufragar la dependencia de entidades subsidiadas. El  presidente de Tatarstán, Rustam Minnikhanov, en la reunión del Consejo de Estado expresó su enfado e insatisfacción por el creciente bombeo de dinero hacia el centro federal, motivando que los gastos se trasladen a las regiones, y los ingresos se concentren cada vez más en Moscú.

Rustam Minnikhanov, segundo y actual presidente de Tatarstán
(Fuente: http://www.kpfu.ru)

En el aspecto administrativo, Moscú se niega a renovar el acuerdo (expirado el pasado Julio) sobre la delimitación de poderes con Tatarstán, aduciendo que la ausencia de contratos es la base de la condición del Estado de Rusia. Probablemente, el siguiente paso sea la liquidación del puesto del presidente en la República.

Por otra parte, el 29 de de noviembre de 2017 el Parlamento de Tatarstán aprobó la versión del plan de estudios presentado por Moscú, según la cual la lengua tártara se puede estudiar sólo con el consentimiento voluntario de los padres de los estudiantes en las escuelas, y no más de dos horas por semana. ¿Qué ha ocurrido en un país en el que, durante un cuarto de siglo, se enseñó a los niños el tártaro con el beneplácito y aquiescencia de la población en general, para que en 2017 llegue a su infausto fin uno de los principales atributos de su soberanía?

El idioma tártaro es el segundo más hablado en la Federación Rusa. A partir de 2010, alrededor de 4,3 millones de personas en el país hablaban tártaro (en la URSS, según el censo de 1989, 5,1 millones). En 1992, de conformidad con la ley aprobada por el parlamento republicano, el idioma tártaro, junto con el ruso, se convirtió en el idioma oficial de Tatarstán, corroborado y ratificado en su Constitución.

Distribución geográfica de las lenguas turcas
(Fuente: http://www.rumbos.net)

El aumento en las lecciones de tatar que redujo el número de horas dedicadas al estudio de la lengua y literatura rusas fue el argumento que necesitaron un grupo de padres rusos para organizarse e iniciar una lucha contra la obligatoriedad del estudio del idioma tatar. Y llegó el momento más propicio en julio de 2017 cuando Tatarstán, al finalizar su acuerdo dentro de la Federación y negarse Moscú a renovarlo, se encontró en una especie de pérdida de legitimidad de su soberanía.

Putin durante ese mismo julio de 2017, en una reunión del Consejo sobre Relaciones Interétnicas en la República de Mari, anunció que no era permisible reducir las horas de enseñanza del idioma ruso en las repúblicas nacionales. Se abrió la caja de los truenos. Putin dio instrucciones a la Oficina del Fiscal General para que verificara el “cumplimiento de la legislación de la región, en relación con el derecho de los ciudadanos a estudiar voluntariamente su idioma nativo” y que presentara un informe.

Los funcionarios republicanos informaron de inmediato que no existe ningún tipo de problema con la enseñanza del tatar. “En la Constitución de Tatarstán, tenemos dos idiomas oficiales: ruso y tártaro. Están representadas al mismo nivel en las escuelas, actuamos en forma de un estándar federal “, declaró el Ministro de Educación y Ciencia de la República, Engel Fattakhov. “No ha habido ningún tipo de infracción y todas nuestras acciones han sido coordinadas en el Ministerio de Educación de la Federación Rusa”.

Los padres rusos no estuvieron de acuerdo con esta declaración y, oteando el horizonte favorable a sus intereses, comenzaron a organizarse, unirse a las comunidades en las redes sociales, intercambiar documentos, celebrar mesas redondas y eventos públicos, demandar a la Fiscalía por vulneración de sus derechos…. A su vez los tártaros, viendo en peligro la enseñanza y el futuro de su lengua, exigieron a los líderes de la República que salvaran el tatar.

Manifestación en defensa de la lengua tártara
(Fuente: http://www.rferl.org)

La tan esperada declaración de Minnikhanov fue precedida por varias apelaciones de la intelligentsia tártara a las autoridades republicanas. Más de 40 representantes de las comunidades científicas y artísticas de Tatarstán firmaron el “llamamiento de los tártaros de la Federación de Rusia”. En él, se solicita que mantengan el idioma tártaro en las escuelas y hagan un llamamiento al Ministerio de Educación y Ciencia de la Federación Rusa, con la exigencia de incluir los idiomas estatales de las repúblicas de Rusia en el estándar educativo federal. Pero no hubo manifestaciones multitudinarias a gran escala en apoyo del estudio obligatorio del tártaro, ni llamadas a la población por parte del gobierno republicano para que se movilice en defensa de la lengua. En las manifestaciones en defensa del idioma, solo actuaron representantes del movimiento nacional tártaro y del Foro Mundial de jóvenes tártaros….

Llega el 29 de Noviembre de 2017. Pleno en el Parlamento de Tatarstán. El fiscal que forma parte de la vertical de mando de Moscú, en actitud intimidatoria, denuncia más de mil transgresiones del derecho a elegir la lengua de enseñanza. Los diputados, coaccionados y amedrentados, aceptan  la normativa impuesta por Moscú. La votación fue unánime y no hubo debate. De hecho, el silencio de los diputados confirmó la abolición de la enseñanza obligatoria de la lengua tártara. Tras la votación del Parlamento, el ministro de Educación de Tatarstán fue cesado en su cargo por haber  opuesto resistencia pasiva a la Fiscalía.

Hoy en Tatarstán el inglés es asignatura obligatoria con un número de horas lectivas superior a las del tártaro… Las reacciones no se han hecho esperar. Indignación y sumo malestar entre la población tártara que por medio de sus colectivos sociales propone al presidente del Consejo de Estado de Tatarstán y a todos los miembros del parlamento “tomen la resolución de autodisolverse y programar elecciones anticipadas” con la finalidad de que el pueblo de Tatarstán, en elecciones libres y justas, elija a sus representantes: diputados verdaderos y reales, defensores de la Constitución de la República de Tatarstán, luchadores por la condición de estado de Tatarstán, luchadores por el estado de lengua tártara”. En la Federación rusa, algunas voces se han alzado en contra de este atropello. Ksenia Sobchak, candidata a la presidencia rusa en las próximas elecciones de Marzo, defendió la enseñanza del idioma tártaro en Tatarstán, añadiendo que no es Moscú quien debe decidir cuánto y cómo se ha de aplicar dicha enseñanza en la República; en su opinión, Putin está llevando a Rusia hacia su transformación de estado federal a unitario.

Templo de de todas las religiones. Tatarstán es considerado como un modelo en la gestión de la convivencia entre las diferentes religiones.
(Fuente: http://www.gdb.rferl.org)

Si la república más fuerte, Tatarstán, cae, probablemente lo harán todas las demás. Después de la eliminación de todos los símbolos de la condición de estado de las repúblicas, sólo queda un paso técnico para la reestructuración del Estado de Rusia. Vladimir Putin está en el culmen de su poder, no teme dar pasos hacia la centralización, ya que no le inquieta la posibilidad de que haya protestas. Pero se encuentra en una encrucijada, por cuanto, si bien cuenta con el apoyo de la población rusa, los vínculos entre el  Kremlin y Tatarstán están muy tensionados y sometidos a un fuerte deterioro. Es presumible un estallido del nacionalismo tártaro en unos pocos años. Y entonces, las autoridades de Tatarstán ya no plantearían la cuestión de ampliar el acuerdo sobre la división de poderes entre Kazán y Moscú, ni deliberarían sobre la obligatoriedad de la enseñanza del idioma tártaro en la república.

Las relaciones Moscú-Kazán son mucho más que las relaciones entre el centro y una de las regiones más industrializadas del petróleo ruso.  Tártaros, bashkires, yakutos y otros pueblos turcos han vivido históricamente en el territorio de Rusia. Kazajstán es un socio clave de Rusia en la integración euroasiática, de la que depende principalmente el éxito económico y geopolítico de Rusia en el siglo XXI. El mundo turco está viviendo una época de crecimiento apasionante. Los pueblos túrquicos son los únicos aliados de Rusia contra Occidente y contra los islamistas. Un solo mundo ruso-turco: esto es lo que más temen en Occidente, así como los patrocinadores del terrorismo internacional en el Medio Oriente. Economía, finanzas, cooperación militar-técnica, corredores de transporte. Sí, todo esto es muy importante. Sin embargo, no todo está determinado por los beneficios comerciales y la conveniencia política. Vladimir Putin sabe que cualquier diálogo en Oriente comienza con una demostración de respeto.

-Jesús Pérez de Viñaspre Txurruka-

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