GORA ANIZTASUNA!!! SIN CULTURAS IMPUESTAS….

(Autor: Aritz Ibarra)

«Si grazna como un pato, camina como un pato y se comporta como un pato…

entonces, ¡seguramente es un pato!»

-Prueba del pato (razonamiento inductivo)-.

 

En una sociedad, la vasca -desposeída de un Estado propio-, donde el nacionalismo étnico está superado, ¿qué nos define como nación o como pueblo? Primero, será imprescindible determinar qué es ser vasco y, por ende, la sociedad vasca.

Si definimos como País Vasco a la Comunidad Autónoma Vasca, compuesta por las tres provincias españolas de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, ¿sólo serán vascos y vascas aquellos que estén empadronados en dichos territorios, sus residentes?

Entonces, todos aquellos vascoparlantes y vascos étnicos de fuera de la comunidad autónoma vasco-española -ateniéndonos a la definición anterior- no serían vascos. Igualmente, todos aquellos vascos de la diáspora, o esas personas vascófonas y con orígenes ancestrales en dicho pueblo de más allá de la divisoria de aguas del Pirineo, tampoco lo serían.

Si es así, algunos dirán que Iñaki Perurena Gartziarena no es vasco, o que Fernando Aire Etxart tampoco lo era, así como que tampoco lo fue Pete Cenarrusa Gardoqui. Al igual que un largo etcétera de anónimos euskaldunes de más allá de las mugas de la C.A. Vasca o “Euskadi”, que nada tiene ya que ver con el Euzkadi sabiniano, y mucho menos con el histórico Euskal Herria. Pero si es así, ¿qué hacen dándole al navarro -que tampoco lo sería por residir en la comuna francesa de Hozta- Asisko Urmeneta Otsoa de Errarte el premio Euskadi?

En definitiva, un pato es un pato sobrevuele el país o territorio que sobrevuele.

Visto lo visto, algo falla en esta definición de lo vasco…

La sociedad vasca está profundamente ideologizada, aunque quizás hoy en día un poco menos que hace unos años… ¿Podría servir la ideología política para certificar quién es vasco?

Veamos: al igual que hay patos silvestres, patos domésticos y hasta domesticados de vivos colores y de blanco inmaculado, hay vascos urbanitas “kalekumeak” y aldeanos o boronos  “baserritarrak”, los hay independentistas vascos, de izquierdas, de derechas o incluso unionistas, pero todos son vascos. Por ello, y al igual que el color del plumaje o la residencia no define a los patos, la ideología política y el empadronamiento tampoco te dotan de identidad nacional.

Si el territorio “per se” y la ideología no son cualidades suficientes, ¿qué otros elementos nos definen como pueblo, en definitiva, como una sociedad diferente?

¿Pudiera ser el Euskara, la lengua ancestral de los vascos? Cualquiera diría que sí. Pero ¿y si a un loro le enseñamos a graznar, lo convertimos en pato? ¿O un latinoamericano es español por el único hecho de hablar en la lengua de Cervantes? Lo dudo… Y ¿qué decir de todos esos vascos étnicos que, pese a mantener la identidad, han perdido la lengua de sus antepasados?

Se está poniendo difícil la cosa a la hora de definir quién es quién…

Los patos comparten su espacio vital con otras especies; incluso comparten espacio aéreo con sus depredadores halcones, búhos y águilas, que, pese a volar junto a los patos, no son patos. De la misma manera, los vascos comparten territorio con otros grupos humanos que, pese a vivir en el país de los vascos, no lo son.

Euskadi y olé
(Fuente: http://www.cadenaser.com)

¿Si un halcón llegase a anidar en un humedal, y graznara como un pato, se convertiría en pato? No lo creo… Quizás, fruto de la evolución natural y una vez exterminados los patos, un grupo de halcones se adaptaría para ocupar el nicho ecológico que éstos ocupaban… pero no serían patos.

Tampoco es necesaria la completa eliminación de una especie; se la puede sustituir por otra, o bien reducir su número, mediante diferentes procesos: asimilación, hibridación, sustitución poblacional, destrucción del ecosistema…, hasta declarar la especie funcionalmente extinta; es decir, reducirla a niveles tan insignificantes que su población ya no pueda realizar un papel de relevancia en el ecosistema -si nos referimos a humanos, en la sociedad-.

Siendo realistas, vivimos en un mundo globalizado donde las fronteras políticas e ideológicas cada día están más difuminadas. Al igual que un pato disecado sigue siendo un pato, aunque ya no grazne, lo vasco cada vez queda más marginado al plano meramente folclórico. Por cierto, tenemos una percepción muy curiosa de nuestra identidad y de nuestro entorno. Es común y nada extraño oír hablar de navarros, o de los vascos que veranean en el sur de Francia, Pays Basque, como si fueran ajenos a nuestra identidad. ¿Acaso no son ellos vascos? Hablan Euskara, su acervo es netamente vasco… pero para la ETB, la televisión de los vascos, en cuanto al uso del lenguaje parecen de otro planeta. Lo nuestro está en Granada, Badajoz o Madrid; Donibane Garazi o Donapaleu (capital que fue del Reyno de Navarra) son Francia, y Baiona, una ciudad francesa.

¿Cuántos estudiantes o trabajadores vascos cruzan la frontera internacional, una muga impuesta y antinatural, para realizar sus quehaceres diarios, en comparación con los que arriban a la CAV desde España u otras partes del mundo? Por no hablar de los polos industriales de la CF Navarra y sus universidades, la gentrificación y depresión de amplias zonas del territorio, o la colonización de las tierras de ultrapuertos por los nuevos residentes franceses.

Todos somos vascos y vascas, y no se te ocurra decir, que un andaluz, un extremeño, un castellano, un parisino, un austriaco o sus descendientes no pertenecen al pueblo de Aitor, aunque su afinidad nacional sea otra y sus fidelidades estén con sus respectivos lugares de origen.

Sinceramente, en un territorio en el que, al grito de “Gora Aniztasuna!!!!”, tanto se reivindica la diversidad cultural, pero tan poco se valora la identidad propia y tan barata se vende… no sería lícito pedir a las rapaces que se conviertan en patos, ni a los bárbaros -que dirían los romanos- hacer asumir nuestra lengua, usos y costumbres. Y ello, aunque sepamos que esa masificación de rapaces y ese tipo de aptitudes llevará al exterminio de los patos y terminará por convertirnos en un pueblo de “abuelas y abuelos”, en vez de “aiton-amonak”, lo que supondrá la total eliminación del pueblo vasco.

Mejor haríamos en quemar el viejo árbol de Gernika, arrancar sus retoños que ya no arraigan, y, en su lugar, plantar un olivo o una palmera.

La única esperanza es que la sociedad que surja sea mejor que la actual…. aunque nos resulte del todo extraña, y en ella lo vasco, a lo sumo, tan solo pueda aspirar a ser algo meramente decorativo y para vender a los turistas.

¿Vamos a permitir que nos conviertan en artículos de museo o meros souvenirs? ¿O, partiendo del respeto y la exigencia de respeto hacia nuestra propia identidad, trabajaremos para resurgir como un pueblo que controle su presente y su futuro?

-ASIER FDEZ. DE TRUCHUELO-

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